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Chile, Concepción, domingo, 23 de abril de 2017
Tres anónimos del terremoto y tsunami del 27 de febrero: El Pirata, El Peñi y el Niño de los perros PDF Imprimir E-Mail
Testimonio
escrito por José Miguel Capurro   
miércoles, 26 de febrero de 2014

Al cumplirse el cuarto aniversario del terremoto y tsunami que devastó gran parte Active Imagede la región del Bío Bío, en especial la comuna de Talcahuano, nos ha llegado un particular relato del fotógrafo José Miguel Capurro Suanes, que rescata la historia de tres anónimos  del puerto-como él mismo los llama- y cuáles fueron sus vivencias la madrugada del 27 de febrero de 2010. Publicamos la Primera Parte de este testimonio.

 

“El Pirata”, “El Niño Perro” y “El Peñi”; como tantos otros, duermen en las calles, razón por la cual yo estaba muy preocupado por ellos tras el terremoto y tsunami del 27 febrero del 2010 en Talcahuano - Chile.

Los tres que estaban en mis oraciones. Yo pedía que estuvieran bien, que estuvieran vivos si es que las olas los hubieran alcanzado y llevado mar adentro.

Siempre preguntaba por ellos en la calle, pero nada se sabía. Semanas después de la tragedia,  se rumoreaba que El Peñi había viajado días antes del terremoto al norte, específicamente a Valparaíso. Del Pirata, en cambio, no había noticias, mientras que del Niño de los Perros, algunos decían que lo habían visto trabajando en los camiones de la basura en Concepción; otros aseguraban que había muerto junto a los que dormían al alero de los botes varados a un costado del muelle y que habían sido arrastrados por las olas. Esta última hiActive Imagepótesis me parecía más creíble, ya que Miguel solía dormir en la calle, muy cerca del mar, en una bomba de bencina en la calle Valdivia, entre Colón y Blanco Encalada.

A un año y tres meses de aquella madrugada del 27 de febrero del 2010, veo a un personaje que extrañaba desde entonces, el último de este trío.

El encuentro no podía haber sido lejos de las calles de este golpeado y olvidado puerto. Sucedió temprano por la mañana mientras me encontraba ayudando a sacar las cosas- cajones, tarimas, cajas-  que los vendedores ambulantes guardan en el pasillo de entrada al edificio dónde me encontraba trabajando como nochero desde marzo del 2010, luego de que quedara abandonado tras el terremoto.

Éste personaje venía por calle Colón, cruzando desde la vereda del frente en dirección al local donde me encontraba. Me alegré mucho al verlo, y él lo notó, me di cuenta en su mirada y sonrisa, un apretón de manos, luego un fuerte abrazo que él mismo interrumpió abruptamente con una pregunta que sonaba más a disculpa.

-¿No le molesta el olor tío?- Efectivamente, sus ropas expelían un fuerte olor a bencina o gasolina, aroma muy característico en él y que hacía bastante tiempo no lo sentía cerca.


Miguel, más conocido como “El Niño-Perro” o “El Niño de los Perros”, un adulto ya de unos veinte y tantos años, adicto a las drogas y a la bencina, que cambió el “cuidado” de los alberges del SENAME (Servicio Nacional de Menores) por la adversidad de la calle, acompañado de perros que lo cuidan, la dan calor y cariño. Un personaje inofensivo y muy conocido y estimado por los choreros.

Volvió a las calles del puerto de la misma forma que se fue: pidiendo monedas. Esto, pese a que estuvo en rehabilitación en casa de un pariente de San Pedro de la Costa, todo el tiempo que estuvo desaparecido tras el terremoto.

 

El Pirata

El otro personaje que forma el trío es conocido como “El Pirata” (Capitán Jack Sparrow). Dentro de otros malabares nocturnos, se gana la vida en la calle actuando como domador de lobos marinos en las cercanías del puerto pesquero, conocida como “Lobería”, allí alimenta y actúa junto a los lobos marinos y recibe las propinas de los turistas y transeúntes que llegan hasta allí a ver la novedad y dar paseos en lancha por la
bahía de Talcahuano.

Meses atrás, después del terremoto, lo oí una noche desde el cuarto piso del edificio donde me encontraba. Sus pasos y ruidos -que guardaba en los rincones de la memoria- me hicieron saltar como un resorte al reconocer el golpeteo de su pata de palo en las típicas baldosas sueltas de las veredas del puerto.

Me asomé abruptamente a la ventana de la habitación y grité:

-¡¡Piraataaa!!! -  Él giró hacia atrás y buscó confundido entre las sombras aquella voz.

-Aquí, arriba” -le dije- y levantó la vista, me miró, inclinó su cuerpo hacia un lado, alzó sus brazos.

- Hellooo, may freennn- me saludó con su inglés chilensis.

-Espérame, bajo atiro- le dije y  bajé presurosamente los escalones al ritmo dificultoso que daban mis piernas, con una leve cojera que me dejó una trombosis años atrás y cada piso que dejaba atrás no podía creer que El pirata estuviera vivo y de regreso al puerto.

Por fin estoy en el primer nivel, tomo por el pasillo, llego a la puerta y salgo.

-Hola viejo. ¡ Tanto tiempo sin verte! ¿Cómo estás?, ¿Dónde has estado?

Luego  platicamos un rato de cómo se salvó del tsunami.

El Pirata cuenta por qué fue confundido como ahijado del Rey Pelé, el futbolista, cuando estuvo en Chile, en el estadio el Morro en 1963, un año después del Mundial de Fútbol de  1962. En esa ocasión visitó la Caleta Infiernillo y el Hospital de San Vicente, donde su madre estaba embarazada y dando a luz.  Allí el Rey Pelé apadrinó a 10 niños, entre ellos estaba él.

El Pirata, cuyo nombre es Sergio Ronaldo Espinosa Medina, nació el 11 febrero de 1963 en la Caleta de Pescadores “Infiernillo” ubicada en la Avenida la Marina de San Vicente

Es el mayor de 9 hermanos, hijos de José Ramón Espinosa Muñoz oriundo de Lumaco, quién debió adaptarse bruscamente del campo a las labores del mar y de María Cristina Medina Baeza, dueña de casa, nacida en la ciudad de Valdivia.

Forzosamente, El Pirata tuvo que ganar el pan para su hogar desde los 11 años de edad, tras perder a su padre, víctima de un asalto con consecuencias fatales.

Se dedicó al mar, única fuente de trabajo disponible a tan corta edad y a su alcance por la cercanía con su hogar. En el transcurso de los años, su frió un doble accidente que lo dejó en silla de ruedas por largo tiempo. Dicho accidente que se inició en labores marítimas, al saltar de una nave a otra para salvar un bote con motor fuera de borda que se había soltado de su amarra. A ello se suma tener una caída con resultado de esguince en una pierna. Acudió al hospital,  donde lo enyesaron hasta el muslo.

Estando aún enyesado, se encuentra con un capitán de nave quien le comunica que se van a trabajar a la Isla de Juan Fernández, y que necesitan un kuki (cocinero).

Él se ofrece, ¿y el yeso? - le pregunta el capitán.

-Voy al hospital y me lo saco-  Pero el médico le dice que tiene que cumplir 30 primeros días, luego un control y 15 días más con el yeso.

Por la gran oportunidad de irse a la Isla, decide sacarse el yeso por sus propios medios, y después acude a un bar, a darse una despedida por todo el tiempo que estaría

El Pirata vivió en la caleta hasta los 38 años, cuando se casó, luego de convivir por años y tener 3 hijas.

Su apodo de Pirata se lo ganó en el ancho mar, por sus actividades de andar “pidiendo” pescados a otras embarcaciones pesqueras. Luego tomó contacto con naves mercantes donde hizo  negocio, abasteciendo a los pescadores artesanales con artículos marítimos.


Recuerda que alguien le puso así también, porque alguna vez lo vio con el pelo largo, un abrigo, con una espada y una pistola lanza bengala a la cintura.

Continuando su largo peregrinar, se va a vivir a Los Lobos Viejos, en los cerros de Talcahuano.

Me contaba tiempo atrás, antes del terremoto,  que cuando se quedaba en el puerto dormía dentro de los container de la basura, sobre todo en algunos cercanos a los bancos, ya que éstos tenían más papeles que basura orgánica.  En las noches de invierno, se metía dentro, se sacaba la ropa mojada, la dejaba en un rinconcito estiradita para que se secaran, y se tapaba con los papeles picados, así dormía calentito y “en pelotas”.
Su sueño era tan profundo que a veces se despertaba repentinamente cuando alguna persona andaba hurgueteando el container  o alguien que venía a botar basura.

A esa hora la ropa estaba menos mojada, y era la hora de sufrir nuevamente. Había que ponerse la ropa bien rápido “pa¨´ no cagarse del frío”, y venir a calentar junto a las cortinas metálicas, aún cerradas de un supermercado de calle Colón, donde a veces comenzaba alumbran y calentar los primeros rayos del sol.


Para su fortuna, esa noche del 27 de febrero, se encontraba en calle Colón, en la primera
cuadra, en un local nocturno conocido como “Camaleón” “macheteando” a los incautos transeúntes noctámbulos,

Esos que noche tras noche ahogan sus penas entre tragos, humo de cigarrillo, y miradas a
turgentes pechos semi-desnudos, y nalgas amoldadas entre caladas pantys negras atenuadas por la difusa luz del local.

Pronto al cerrar el local, el dueño le pregunta: Pirata: ¿te quedas esta noche en el puerto o te vas a los Lobos?
-Pues si quieres yo te llevo, voy para allá.

El Pirata  lo pensó un ratito, y decidió irse a su casa. No hacía ni 5 minutos, y cuando José Miguel daba gracias a Dios por un día más de vida, la tierra empezó a moverse muy fuerte y con ella toda la casa donde estaba en ese momento. Apenas se calmó un poco, decidió partir a ver a su hija, que vivía en otro sector del cerro.

Estuvo arriba en los cerros sin bajar  durante varios días, hasta que decidió ir al puerto. A la altura del Puente de Arcos que une calle Valdivia y el cerro Zaror, se encontró con un hermano de mejor situación que venía desde el sur en un vehículo a verlo y traerle algunos víveres. Lo vio y le dijo: “No bajes al puerto, vas a ir a puro llorar”. Se devolvió a su casa,  estuvo mucho tiempo cuidando a unos sobrinos, haciendo guardia por las noches, como todo ciudadano que vio amenazada su integridad y la de su familia por
vándalos y saqueadores.

Pasado un tiempo prudente, volvió a su puerto querido cuando se encontraban sacando de las calles los botes, lanchas y barcos para devolverlos al mar. Fue así que comenzó a bajar al puerto más seguido.

Mientras el puerto se ponía de pie lentamente, pude oír  en la quieta noche sus gritos y pasos ruidosos con su pata de palo, también en la quieta noche.
 
“Camaleón” ha abierto sus puertas a la bohemia y las chicas que ayer lloraban, se golpeaban el pecho y gritaban como locas asustadas, mientras la tierra de sacudía esa noche del 27 febrero, volvieron a retomar sus nocturnas actividades laborales.

Éste personaje, como tantos otros, espera una mano, una ayuda laboral. Desde que perdió parte de sus extremidades inferiores, la vida se le ha puesto cuesta arriba.  Sólo las nocturnas calles del puerto conocen de sus sueños rotos, de sus ilusiones truncadas, de sus penas y amarguras, de sus fugases alegrías envueltas en alcohol o algún alucinógeno.

Sergio Espinoza también tuvo ilusiones que se difumaron en la bruma del mar. Soñó despierto que podía ser guía turístico en Talcahuano, y para eso se cortó el pelo y se “enchuló” con un buen terno, esperando que de algún lado lo llamaran, especialmente desde la Ilustre Municipalidad de este puerto.

Así también lo relata el periodista Gustavo Aracena del diario “La Crónica” el sábado 13 de diciembre del 2008.

“Afamado personaje del puerto, que tiene una pata de palo igual que la típica figura bucanera, anhela una pega”

En la entrevista relata: “Sergio tiene una meta para el 2009: conseguir pega. Por eso el cambio de apariencia, de look.

“Estoy viendo un Pro Empleo. Ojala que en la “muni” me den una peguita. Yo puedo ser el mejor guía turístico… Para acá vienen hartos extranjeros, gente de todos lados y nadie
los pesca”, comentó.

¿Cuál es tu plus?
“Conozco bien las cosas del puerto, lo que les gusta a los turistas. Además soy el único que conoce bien los lobos del mar, les doy comida y velo para que a ningún animalito le pase algo malo o tenga hambre…”

Pero esos sueños quedaron solo en el papel.
Según sus propias palabras, en una reciente entrevista realizada unas semanas atrás durante el 2012, señaló que sólo recibió una oferta de trabajo de parte del puerto pesquero artesanal, pero no llegaron a un acuerdo en cuanto a las exigencias laborales.

Así que, lamentablemente, lo seguiré viendo noche tras noche con frío, en la lluvia, con la única compañía de la soledad, las drogas y el alcohol; carcomiendo silenciosamente a este ser humano, quien además de perder parte de sus extremidades, perdió su fuente de trabajo y su familia y sólo necesita de una mano para salir de la “condición calle"...

 

(Continuará...)

Texto y fotos: José Miguel Capurro

3030 veces leída

26 de ferbrero de 2014.-

 
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