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La biomasa para uso energético pasa por regular de una vez por todas el uso de la leña a nivel residencial, para que deje de ser uno de los principales problemas de todas las ciudades del valle central desde Valparaíso al sur.
Terminó el 2010 y poco se ha avanzado concretamente en regular y fomentar el uso sustentable de la biomasa.
El año que pasó se realizaron varios seminarios que hablaban de sus bondades energéticas, por ser sustentable y por contribuir a lograr el objetivo del 20/20 que persiguen las autoridades: que al año 2020 podamos contar con un 20% de energías renovables no convencionales.
Pese a ser un gran desafió, llama la atención que tras tantos años, la regulación y fomento del correcto uso residencial de la leña se mantengan todavía como declaración de buenas intenciones y palabras de buena crianza por parte de las autoridades que manejan el tema del medioambiente y la energía.
Partimos el año con un nuevo gobierno que anunciaba que antes de fin de año tendríamos nuevo proyecto de ley de leña, que más que controlar, fomentaría su correcto uso. También anunciaba que cambiaría la política gubernamental con respecto a este combustible: más que planes de descontaminación que enfrentan el problema de contaminación por leña de forma local, había que hacerlo globalmente, con prontos despachos de leyes y una norma nacional.
A mediados de año se dio un primer paso, al enviar el ministerio de Energía un proyecto al Congreso que entrega a la Superintendencia de Electricidad y Combustibles la facultad de acreditar los laboratorios que certificarán los equipos. Como no fue enviado con suma urgencia, duerme esperando empezar a ser discutido.
La otra parte fundamental del tema quedó para un proyecto paralelo, que sería enviado en septiembre y que regularía la venta de leña seca, entregando herramientas de fomento para el secado. Terminamos el año esperando este proyecto.
Con respecto a la norma nacional, nos han informado que está en elaboración (cosa que sabemos es así desde el 2007) y que se le están introduciendo modificaciones al anteproyecto que existía anteriormente.
Nos preocupan la naturaleza de estos cambios, ya que nos han señalado, desde el ministerio del Medioambiente, que autorizarían más de un sistema de medición de emisiones para los equipos. Creemos que sería una decisión absolutamente equivocada:
- Lograr sacar adelante una sólo norma de emisión involucra un enorme trabajo, que incluye la puesta en marcha de los laboratorios. ¿Qué pasará si se autoriza más de una norma? - Con mutiplicidad de normas ¿quién asegura que las mediciones realizadas van a lograr la disminución de partículas respirables, toda vez que algunas miden partículas, otras CO y otras eficiencia? - El Plan de Descontaminación de la RM estableció EPA o su símil CH28 como metodología de medición y un acuerdo voluntario ad portas de ser firmado por los fabricantes de estufas y el gobierno sigue esa línea. ¿No es un retroceso ampliar el abanico de metodologías de medición para nuevas normas a dictar, como será la nacional? Hasta la fecha las autoridades habían señalado firmemente que la norma de medición de 2,5 gr/hra de PM10 sería el modelo a seguir. Hoy cambiaron de idea.
Consultamos sobre este tema en el ministerio del Medioambiente y nos señalaron que el objetivo de esta política de multiplicidad de normas apunta a no colocar barreras de entrada a equipos importados que quieran ser vendidos en nuestro país. Sin embargo, todos los fabricantes chilenos que venden en el extranjero se someten a todas las normas que existen en cada país a los que ingresan con sus equipos, lo cual es lógico y normal para asegurar que cada localidad cuente con artefactos que cumplen con sus objetivos medioambientales. Nos preguntamos si detrás de esta idea de las autoridades no habrá un menosprecio por la industria nacional de calefactores v/s creer que todo lo que se hace afuera es realmente de calidad. Fue lo que pensamos cuando vimos lo que había ocurrido con el proyecto de compensación de emisiones de Endesa para su proyecto Bocamina, en que se recambiaron 1000 estufas bajo la norma europea (que no mide partículas), sin licitación y se escogió una marca austríaca que resultó tener emisiones mayores de PM10 que varios modelos chilenos. Por Verónica Munita Secretaria Ejecutiva Agrupación Energía Limpia de la Biomasa 16 de enero de 2011.- 1148 veces leída |