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Quien hoy transita por la comun a de Lota a sim ple vista no se percatará de los daños que tiene este importante atractivo turístico. Sin embargo, en su interior esconde graves heridas nacidas con el terremoto que demorarán años en ser sanadas.
A estas alturas se considera extrañamente normal caminar por las calles de Lota y seguir encontrando carpas en plazas emblemáticas de la ciudad o casas totalmente destrozadas. Mal que mal son 2000 viviendas afectadas por el terremoto del 27 de febrero, las que siguen clamando una solución habitacional.
No obstante, existe un ícono de la comuna que silenciosamente sufrió graves daños por los embates de la naturaleza y muchos no lo han notado. Se trata de la Parroquia San Matías Apóstol, inaugurada en 1928 y que Matías Cousiño mandó a construir para la ciudad y en la que también descansan sus restos.
Y es que ni siquiera el principal fundador de las minas de carbón se salvó de este movimiento telúrico. Su tumba fue mudo testigo de los daños que sufrió este templo, los cuales impiden que sea abierto al público por peligro de derrumbe, sobre todo de su fachada que prácticamente se zafó de la estructura principal.
A ello se le suma el desprendimiento de concreto del sector izquierdo del techo, el cual iba a ser restaurado porque las lluvias lo estaban afectando internamente, de hecho se estaba realizando una campaña con la comunidad para restaurarlo. Parte del vitraux que caracteriza a esta Iglesia está completamente en el suelo y destruidos, al igual que el Sagrado Corazón y la Virgen María, que estaban situados en los costados de la Iglesia y sobre bases de mármol.
"La verdad que el movimiento me asustó mucho porque yo nunca había vivido un terremoto. Lo primero que pensé fue en llamar a mi familia que está en Italia, corrí a la calle y vi el templo. Allí dije esto se va a caer. Cuando terminó de temblar, fuimos a ver la parroquia y con todos los daños que tiene yo pensé que había que demolerla", explica Marco Santarelli, seminarista de nacionalidad italiana que lleva un año y medio en la comuna, y aloja en la Parroquia junto al padre Jorge Araya, encargado del templo.
De acuerdo a los arquitectos e ingenieros que estudiaron los daños, no sería necesario demoler este ancestral tempo, que sí requiere ser reparado lo cual tomaría un par de años al menos. "Gracias a Dios no hay que demoler la Parroquia, pero sí se necesita mucha plata para restaurarla. Los ingenieros nos dijeron que la mayoría de las grietas son superficiales, no estructurales, pero el mayor problema que tiene es el frente de la parroquia porque la pared está suelta y si viene otro temblor fuerte o terremoto se puede caer. Pero con harto tiempo y trabajo se puede arreglar, hay que trabajar uno o dos años para que quede segura", explica Marco.
No obstante, los daños son incalculables y hasta ahora tanto Marco como el padre Jorge se aferran a la idea de pedir ayuda al extranjero para restaurar la Iglesia o a empresarios que quieran aportar. Si bien es cierto que el Arzobispado, el Obispo Auxiliar, la propia Intendenta de la Región y alcaldes de otras comunas los han visitado para ver los daños, esto no es suficiente para que la parroquia vuelva a ser la misma de antes.
"Como estamos hablando de muchos millones de pesos, uno de los ingenieros que era de Alemania nos aconsejó que a través del Arzobispado pidiéramos ayuda a la Unión Europea o Naciones Unidas, porque pedirle dinero a la gente sería injusto ya que no somos los únicos que estamos mal. Además en las condiciones que está la gente creo que no lograríamos reunir todo lo que necesitamos para mejorar el templo", reconoce el seminarista italiano.
Con las constantes réplicas, el padre Jorge no se atreve a celebrar misas ni siquiera en un salón de la parroquia y que no sufrió ningún daño. Por ello, las ceremonias religiosas se realizan en la capilla del sector Calero y las dominicales en la Gruta de la Virgen de la Pompeya, ubicada en la parte posterior de la Parroquia.
"No me atrevo por temor a los temblores, sobre todo para los feligreses. Con Marco queremos implementar una carpa gigante en la gruta para seguir celebrando misas cuando llegue la lluvia, pero no contamos con nylon, ni tampoco tenemos madera. Queremos arrendar una carpa pero el dinero escasea, esta situación es complicada", relata el padre Jorge Araya.
 Tras dos semanas de dormir en carpas y cuidando a parte de la comunidad, hoy tanto Marco y como el Padre Jorge continuarán luchando para que esta Iglesia siga en pie. Seguirán golpeando puertas, aunque saben que es difícil restaurarla rápidamente porque no es la única iglesia que sufrió daños.
Así, este ícono de la comuna de Lota mantendrá sus puertas cerradas al público, pero firme y con la esperanza de que su historia no sea olvidada.
Por Carolina Fernández Díaz Periodista Lota- Chile (Fotos: A&F Producciones) Lota, 24 de marzo de 2010.- 3768 veces leída |