| El Estadio Municipal penquista como centro de detención |
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| Derechos Humanos | |
| escrito por TBB | |
| domingo, 09 de noviembre de 2003 | |
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En la siguiente notas se detallan algunos aspectos de cómo fue la rutina de quienes alguna vez estuvieron en el Estadio en calidad de prisioneros políticos 1.- ¿QUIÉNES LLEGABAN AL ESTADIO REGIONAL? Al Estadio llegaban dirigentes políticos, sociales, (del mundo sindical, estudiantil, deportivo, vecinal, mujeres, etc.), parlamentarios, académicos, funcionarios de gobierno, etc. 2.- ¿DÖNDE ERAN DETENIDOS? Las personas que llegaban al Estadio eran detenidas en sus lugares de trabajo, en sus domicilios, en la calle, en casa de amigos, en redadas diarias o nocturnas, por sector laboral (Ej. Funcionarios públicos, de empresas sociales, etc), o territorial (Ej. El barrio, la comuna, etc.). 3.- ¿POR QUÉ ERAN DETENIDOS? Eran detenidos generalmente por ser partidarios (o sospecharse que lo eran) de los partidos de la Unidad Popular o integrantes de gremios u organizaciones vinculadas al mundo popular, siendo o no militantes de los partidos de izquierda, incluso al Estadio llegaron algunos simpatizantes de la DC (muy pocos). La detención, en muchos casos, obedecía a “listas negras” que eran confeccionadas por opositores al gobierno de Allende en las empresas públicas o privadas, denuncias de vecinos, información (mínima) de los servicios de inteligencia de las FF. AA., etc. 4.- ¿DESDE DONDE VENÍAN? Las personas, luego de ser detenidas, generalmente pasaban un primer chequeo en Carabineros o Investigaciones o el lugar de origen de quienes realizaban la detención (militares o marinos), es decir regimientos, Base Naval, Isla Quiriquina, o comisarías de otras comunas o provincias quiénes luego de un primer y básico interrogatorio los enviaban al Estadio en grupo o individualmente. 5.- LLEGADA AL ESTADIO Luego de ser “fichado” en el primer lugar de detención, con los respectivos datos de filiación personal, política u organizacional, eran enviados al Estadio Regional, donde se les hacía una nueva ficha, se les asignaba una celda común, (los camarines del Estadio), se les quitaban las pertenencias que pudieran ser peligrosas como cinturones, cordones de los zapatos, corbatas y también documentos o dinero que la persona portaba al momento de ser detenida, las que eran metidas en una bolsa de nylon, a la que se le ponía su nombre, se cerraba y era devuelta cuando se producía la libertad. La asignación de celda era arbitraria. Cada persona era asignada a un camarín que para estos efectos tenía un número (“la 1”, la “dos”, hasta la número seis según recuerdo). Allí eran recibidos y comenzaba el reconocimiento entre militantes o conocidos de cada partido, quiénes avalaban que era un “compadre de confianza”. Eso permitía que después formara parte de “una carreta”, que era un grupo pequeño de 5 ó 6 personas que se unían para almorzar o cenar juntos, compartiendo las cosas que a veces le llegaban a cada uno a través de la Cruz Roja o la Iglesia Católica. Se sabe de pocos casos que llegaron, generalmente torturados y por tanto en pésimas condiciones físicas, que fueran enviados directamente a “celdas de castigo”, incomunicados para, o seguir siendo torturados, interrogados o simplemente esperar que se recuperan un poco y pasaran a ser parte del gran colectivo de detenidos. En general todos eran asignados a una celda. 6.- LA RUTINA La rutina comenzaba a las siete de la mañana. Normalmente un funcionario del Servicio de Prisiones pasaba golpeando la puerta de cada celda, para levantarse, formarse, contarse afuera de la celda, y salir a recoger una taza de café y un pan que debíamos servirnos en las graderías del Estadio. Hombres y mujeres estaban separados pero seguían idéntico procedimiento. En cada camarín se amontonaban entre 60 y 100 personas aproximadamente. Allí se dormía en el piso de cemento, al cual se le colocaba aserrín, lo que significaban pulgas y piojos que afectaba física y moralmente a cada persona.. En cada celda había una pequeña organización dada por los propios detenidos, la cual permitía resolver pequeños problemas propios del hacinamiento, además de ordenar la ubicación de cada compañero, las comisiones de aseo, las actividades artísticas y juegos que se realizaban cada noche, donde cada persona tenía que hacer “su gracia”, contar chistes, cantar, recitar, etc. (Es decir, que en cada celda había una especie de Encargado o Jefe). Estos Jefes o Encargados de Celdas cumplían la función de relacionarse con los guardianes de turno, plantearle los problemas de algún detenido o del grupo representado. Por ejemplo a través de ellos se consiguieron algunas “conquistas” como que por cada camarín hubiera una radio, la que permitía escuchar las noticias y tener una mínima vinculación con el mundo exterior. Estas mismas personas recogían los periódicos que llegaban al estadio y que se distribuían uno por celda. Llegaban El Sur y Crónica. En la mañana, ya fuera de la celda y en las graderías, la rutina era la buena conversación, las elucubraciones de lo que ocurría “afuera”, el intercambio de información respecto de lo que pasaba con determinados amigos o compañeros del partido, jugar ajedrez, escribir cartas para los familiares, escuchar las pocas radios autorizadas y “tomar caldo de cabeza” que era la acción individual o colectiva de “reflexionar” sobre la situación personal y ”del partido” después del golpe. En general, cada partido creó una pequeña organización clandestina interna, la que con extraordinario cuidado pretendía mantener vivo el espíritu de cuerpo de cada organización, servía para “sesudos” análisis político de la situación, intercambiar información sobre los cargos que cada militante podía tener, y orientarlos frente a los eventuales interrogatorios, etc. Durante todo el día se llamaba, a través de parlantes, a distintas personas, para ser interrogadas, luego de lo cual se definía si continuaba detenido o era liberado. Al mediodía, a las 12,00 se debía almorzar, para lo cual se formaban largas filas en las que se entregaba un plato de porotos y un pan, lo que se comía en las graderías o en pleno campo deportivo. En la tarde mientras el tiempo estuviera bueno, se permitía que los detenidos se mantuvieran en la cancha del Estadio para reposar, leer, conversar, jugar, caminar, hacer gimnasia, etc., Mientras, muchos familiares, estaban en las puertas del Estadio intentando ver a su gente, lo que a veces era posible cuando se cumplían tareas de aseo o traslado de prisioneros. Prácticamente cada tarde se recibía la visita del Padre Camilo Vial, quién llevaba y traía cartas familiares, ayudaba a resolver problemas producidos por la detención repentina, contribuía a la paz espiritual de la gente, etc.. El mismo, y previa censura militar podía llevar cartas y visitar a los “de afuera”. Muchas veces llevó libros, comida, cigarros, etc. Es difícil que alguien que haya pasado por el Estadio Regional no recuerde al actual Obispo de Temuco. En más de una ocasión el campo deportivo fue ocupado para su función y se jugaron partidos de fútbol entre detenidos y personal del Servicio de Prisiones, los que eran vigilados atentamente por el personal militar que vigilaba el Estadio. La rutina fuera de la celda finalizaba a las 18,00, donde se tomaba “la once comida” y venía nuevamente el encierro luego de una formación por celda (o por curso diría un estudiante). Los mejores días era cuando habían “libertades”. Los que “se iban” eran despedidos con cánticos. La canción preferida era el Himno de la Alegría. Es lo que la memoria me permite recordar. GABRIEL REYES ARRIAGADA Ex Secretario Regional de la Izquierda Cristiana Concepción (Detenido en el Estadio desde el 17 de Octubre de 1973 hasta el 18 de enero de 1974 para luego seguir rumbo a Chacabuco y otros lugares que terminaron con su expulsión de Chile el 21 de marzo de 1975)
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